jueves, 4 de marzo de 2010

Agenda del árbol

La oscuridad del tiempo que habitamos tiende a extender su manto de miedo, de silencio, y de olvido. Más allá del omnimodo poder de los señores de las sombras, asistimos a la triste tragedia en que muchas personas van dejando crecer el lado oscuro del corazón, hasta convertirse al más crudo individualismo, a la más absurda negación del otro, en un frenético derrotero tras ficticias promesas de fama y dinero. Cuando perdemos cuenta de las derrotas y nos sumimos en la más triste gris nostalgia, sombra de tango que se llora y también se sufre, nos descubrimos refugiados en la esperanza como quien contempla el último corner del partido casi perdido y la esperanza creadora, esa combinación de Fe en los sueños y los huevos necesarios para poder empujar la pelota que esquiva el fondo del arco, nos hace desperezarnos de la modorra o de la angustia de la desazón, y entonces nos hacemos escuchar, y el susurro se hace grito y el grito se hace fuerza. Vigente nuestra voluntad de estar de pie, nos acusan de nostálgicos, insurrectos, subversivos. También nos suelen decir locos, pero es más simple, estamos vivos. Los refutadores de leyendas hacían apuestas de que abandonabamos todo y nos entarugábamos, a que nos designábamos a sobrevivir y no a vivir dignamente desplegando nuestros sueños. Pero nosotros no perdimos la alegría de juntarnos para vernos las caras, los miedos, las ganas, para empezar a poner la voluntad al servicio del corazón, para reincidir y repetir, sin temos a equivocarnos: que la noche no es eterna, sólo oscura; que la solidaridad es superior al egoísmo, que el diálogo nos acerca a los caminos, que las palabras deben ser cuidadas para que no sean vaciadas, viciadas, pero aun así no superan a los hechos, que no nos hemos de morir en el mar del conformismo, que la historia no ha terminado sino que sigue, y que la pluma de los pueblos ya está lista para hacer otra vez sus transgresiones, que quema los papeles de los entendidos. Por eso buscamos, a tientas en la noche a los que son nuestros compañeros, los cultores de mitos, los realizadores de sueños, los cazadores de utopías. Hoy queremos encontrarlos, encontrarnos. Por que cuando a un grupo de personas los une el amor y no el espanto, cuando recogen el incorregible sentido de su historia es difícil que se detengan en lamentaciones. Por eso acá estamos nuevamente, amontonados por el viento o unidos por el destino, subidas al tablón de la popular que nos corresponde y que no vamos a abandonar ni con las derrotas, ni con los empates, en el que vamos a delirar con las victorias.

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